La Tortura Hecha Ciencia

17 Marzo 2010 by: Corleone


Una de las acciones más deleznables del hombre desde los albores de la civilización ha sido LA TORTURA. Podemos leer en estos dos artículos, el primero: Un repaso por las multiples toturas del medievo. Y el segundo: Hoy en día, la tortura refinada hasta convertirla en ciencia, con los manuales de la CIA.


LA TORTURA EN LA EDAD MEDIA

Varios de los elementos utilizados durante la Edad Media para realizar estas salvajadas fueron:

EL POTRO: La víctima era atada a los extremos y después se tiraba de las cuerdas hasta que los miembros se descoyuntaban. Fue utilizado sobre todo en Francia y Alemania, durante los tiempos de la Inquisición.


EL APLASTACABEZAS: Destinado a comprimir y reventar los huesos del cráneo. La barbilla de la víctima se colocaba en barra inferior, y el casquete era empujado hacia abajo por el tornillo. Los efectos de este artilugio son, en primer lugar, la ruptura de los alveólos dentarios, después las mandíbulas y por último el cerebro se escurre por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.


EL TORMENTO DE LA RATA: Sobresalía por su refinamiento. También fue utilizado por la Inquisición, pero su existencia se conoce desde los tiempos de la antiguo China. Consistía en colocar una rata sobre el abdómen del torturado, encerrada en un jaula abierta por abajo, mientras los verdugos la hacían rabiar con palos ardiendo, de forma que el animal tenía que buscar una salida y a mordiscos abría un túnel en las tripas del condenado, llegando, a veces, a salir por otro lado del cuerpo.

LAS JAULAS COLGANTES: Hasta finales del Siglo XVIII, en los paisajes urbanos Europeos, era habitual encontrar jaulas de hierro y madera, adosadas al exterior de los edificios municipales, palacios ducales o de justicia, etc. Los reos, desnudos o semidesnudos, eran encerrados en las mismas. Morían de hambre y sed, por el mal tiempo y el frío en invierno; por el calor y las quemaduras solares en verano. A veces, las víctimas habían sido torturados o mutilados como escarmiento. No solo significaban una incomodidad tal que hacían imposible al preso dormir o relajarse, ya que estaban atados a los barrotes de las mismas. A veces se introducían en ellas gatos salvajes, a los que los verdugos azuzaban con varillas al rojo vivo, o se encendían fogatas debajo para abrasar al condenado.


LA DONCELLA DE HIERRO: Aun había otros artilugios como la doncella de hierro, esos ataúdes que eran piezas de exquisita artesanía por fuera y por dentro. Por fuera por la gran cantidad de grabados y relieves que adornaban su superficie; por dentro, por la espectacular colección de pinchos, dirigidos a puntos concretos del cuerpo, que se iban clavando lentamente sobre el inquilino, a medida que se cerraba la puerta. Los clavos eran desmontables, con lo que se podían cambiar de lugar, con el fin de poseer un amplio abanico de posibles mutilaciones y heridas que daban lugar a una muerte más o menos lenta.

EL METODO DEL AGUA: Consistía en hacer tragar al torturado, un mínimo de 10 litros por sesión, ayudándose de un embudo. Además de producir una insoportable sensación de ahogo, el estómago podía llegar a reventar.

LA CABRA: Este sistema se hizo muy popular en las mazmorras de la Edad Media. Una vez que al torturado se le habían fijado los pies a un cepo, se procedía a untar las plantas con sal o sebo. La cabra atraída por el condimento, comenzaba a lamerlas, y la aspereza de su lengua hacía que atravesara la piel y dejara los pies en carne viva, llegando en ocasiones hasta el hueso.

LA RUEDA: Era el más común en la Europa germánica. Convertía al preso, completamente inmovilizado, en verdadero material de trabajo, para que el verdugo fuera descoyuntándole o arrancándole miembros a voluntad. Era uno de los suplicios más horrendos de la Edad Media. El condenado, desnudo, era estirado boca arriba en el suelo, o en el patíbulo, con los miembros extendidos al máximo y atados a estacas o anillas de hierro. Bajo las muñecas, codos, rodillas y caderas se colocaban trozos de madera. El verdugo asestaba golpes violentos a la rueda, machacaba todos los huesos y articulaciones, intentando no dar golpes fatales. Despúes era desatado e introducido entre los radios de la gran rueda horizontal al extremo de un poste que después se alzaba. Los cuervos y otros animales arrancaban tiras de carne y vaciaban las cuencas de los ojos de la víctima, hasta que a ésta le llegaba la muerte.

EL GARROTE: Método por el cual un punzón de hierro penetra y rompe las vértebras cervicales al mismo tiempo que empuja todo el cuello hacia delante aplastando la tráquea contra el collar fijo, matando así por asfixia o por lenta destrucción de la médula espinal. La presencia de la punta en la parte posterior no sólo no provoca una muerte rápida, sino que aumenta las posibilidades de una agonía prolongada. Fue usado hasta principios del siglo XX en Cataluña y en algunos países latinoamericanos. Se usa todavía en el Nuevo Mundo, sobre todo para la tortura policial, y también para ejecuciones.

EL TORO DE FALARIS: En este caso se quemaban a los herejes dentro de la efigie de un toro a Falaris, tirano de Agrakas, que murió en el año 554 a.C. Los alaridos y los gritos de las víctimas salían por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía. El toro de Falaris estaba presente en numerosas salas de tortura de la Inquisición de los siglos XVI, XVII y XVIII.

LA SIERRA: Este instrumento de tortura no necesita muchas explicaciones. Sus mártires son abundantes. A consecuencia de la posición invertida del condenado, se asegura suficiente oxigenación al cerebro y se impide la pérdida general de sangre, con lo que la víctima no pierde el conocimiento hasta que la sierra alcanza el ombligo, e incluso el pecho, según relatos del siglo XIX. La Biblia (II Samuel 12:31) hace mención a este tipo de tortura, en la época del Rey David. Este hecho contribuyo a la aceptación de la sierra, el hacha y la hoguera. La sierra se aplicaba a menudo a homosexuales (gays y lesbianas), aunque principalmente a hombres. En España la sierra era un medio de ejecución militar hasta el siglo XVIII. En Cataluña, durante la Guerra de la Independencia (1808-14), los guerrilleros catalanes sometieron a decenas de oficiales enemigos a la sierra. En la Alemania luterana la sierra esperaba a los cabecillas campesinos rebeldes, y en Francia a las brujas preñadas por Satanás.

LA CUNA DE JUDAS: El reo era atado e izado y una vez estaba elevado se le soltaba dejándolo caer sobre una pirámide haciendo que, con su propio peso, se clavara la punta de la misma en el ano, la vagina, el escroto, etc. Esta maniobra se realizaba varias veces. Se utilizaba practicamente para hacer confesar al condenado.

LA CIGUEÑA: El sistema de la cigueña, a parte de inmovilizar a la víctima, al poco rato ésta sufre unos fuertes calamabres en los músculos rectales y abdominales, y poco a poco se van extendiendo por el resto del cuerpo. Al cabo de las horas producen un dolor muy intenso sobre todo en el recto. Además el reo era pateado y golpeado, e incluso en ocasiones llegaba a ser quemado y mutilado.

EL CEPO: No hacen falta muchas explicaciones para este método. La víctima era inmovilizada de pies y manos, expuesta, generalmente, en la plaza del pueblo, y sometida a todo tipo de vegaciones, como golpeada, escupida, insultada, e incluso en ocasiones la plebe orinaba y defecaba sobre ella.

EL PENDULO: Solía ser la antesala de posteriores torturas. Su función consistía básicamente en la dislocación de los hombros doblando los brazos hacía atrás y después hacia arriba. La víctima atada de manos en la espalda era izada por las mismas. Para provocar un mayor sufrimiento se le colocaban en los pies una pesas.

LAS GARRAS DE GATO: Consistía en arrancar al prisionero la carne a tiras, llegándola a arrancar de los huesos. Eran utilizadas como un rastrillo.

LA PERA: Estos instrumentos se usaban en formatos orales y rectales. Se colocaban en la boca, recto o vagina de la víctima, y allí se desplegaban por medio de un tornillo hasta su máxima apertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente.Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o de la cerviz del útero. La pera oral normalmente se aplicaba a los predicadores heréticos, pero también a seglares reos de tendencia antiortodoxas. La pera vaginal, en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de tener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales.

Los medios mecánicos tampoco eran de despreciar. Algo tan simple como unas tenazas en las manos de un hábil torturador podía arrancar de cuajo muchos dientes e incluso, si se terciaba, la lengua.

Tampoco hay que olvidar las calzas colocadas en las piernas, que a martillazo limpio acababan destrozando los huesos del tobillo. O las astillas metálicas que se introducían bajo las uñas, y se clavaban poco a poco hasta que ya no quedaba uña donde clavar.

Por Pilar Jiménez

Fuente: http://www.edadantigua.com



MANUAL DE TORTURAS DE LA CIA

El acta de libertad de información norteamericana no deja de deparar sorpresas. A iniciativa del diario Baltimore Sun se ha desclasificado el manual de interrogatorios de la CIA, llamado en clave HUBARK. Se trata de un abominable documento en el que se despliega una panoplia de terrores capaz de hacer palidecer a un Torquemada (Fuente : Human Resource Exploitation Training Manual–1983,” CIA HandBook)

La tortura, la más abyecta de las actividades del ser humano, es casi tan antigua como éste. La extracción de información, lo mismo en el ámbito policial que en el de la seguridad nacional, ha sido tradicionalmente el pretexto elegido para dar rienda suelta a los instintos más sádicos. Pero, como todo en esta vida, los torturadores evolucionan, la tortura se adapta a los tiempos y moderniza sus técnicas.

Ahora se la denomina coacción y a sus víctimas, fuentes resistentes de información. En 1963 se redactó uno de los documentos más lamentables de la historia de la Humanidad. Bajo un sello de alto secreto y escondido tras un indescifrable nombre en clave -KUBARK, un criptónimo formado por KU, un díptico aleatorio y BARK, las siglas con las que la Agencia se refería a sí misma- se encuentra el auténtico manual de interrogatorios de la CIA, un cínico tratado sobre el sufrimiento humano en el que se describe con todo lujo de detalles como conducir a una persona a los más altos grados de la agonía física y mental.

El patrocinador de esta iniciativa fue James J. Angleton (skulls&Bones de la Universidad de Yale), quien entre los años 1954 y 1974 dirigió las actividades de contraespionaje de la Agencia, convirtiéndose en una auténtica bestia negra para las organizaciones de derechos humanos de todo el mundo, las cuales opinan que por menos de lo realizado por este personaje, se ha acusado a otros criminales de guerra.

Constituye un recetario en que se clasifica a las personas como si fueran ganado, y en el que se adjudica un tormento específicamente eficaz para cada tipo de ser humano. Desde su publicación, estas técnicas fueron aplicadas sobre un creciente número de prisioneros de todas las categorías.

Tomemos como ejemplo el caso de Yuri Nosenko, tan increíble como perfectamente documentado. Angleton pensaba que Nosenko, un oficial del KGB que decidió desertar a Occidente en 1964, había sido enviado por Moscú como agente doble para despistar a la CIA. Confinó en secreto a Nosenko en una pequeña celda situada a las afueras de Washington, donde se le estuvo torturando sin piedad durante los siguientes cinco años. A pesar de los tormentos, las sospechas de Angleton jamás pudieron ser probadas.

TREINTA AÑOS EN LA SOMBRA

Durante más de treinta años, la existencia de este documento fue sólo conocida por aquellos a los que se adiestraba en estas siniestras artes. Pero en 1997, merced al Acta de Libertad de Información, se pudo conocer la existencia y contenido de este escalofriante testimonio, a medio camino entre las malsanas fantasías del marqués de Sade y las amorales recomendaciones de Maquiavelo, en el que entre otras cosas se recomienda: “Ganarse amigos, influir sobre los demás y, si es necesario, quebrar su voluntad como una rama seca”.

El recetario de la CIA abarca multitud de temas inéditos en el ámbito de la tortura:

1.-Control psicológico: evidentemente hay que conocer bien a la víctima si se aspira a ejercer la coacción de una manera eficiente. Se debe analizar su personalidad, sus miedos y debilidades y encontrar ese punto débil que, manipulado de la manera adecuada, hará que el interrogado se desmorone.

2.-Trucos mentales: catálogo de engaños diseñados para llevar al sujeto a la más absoluta confusión.

3.-Amenazas, dolor y drogas: cuando las sutilezas fallan, siempre existe la posibilidad de recurrir a los sistemas clásicos. La detención en un entorno controlado durante largos periodos de tiempo resulta esencial para que el interrogatorio dé un fruto positivo. La frialdad profesional del manual queda de manifiesto cuando prohíbe expresamente que los interrogatorios sean ejecutados por personal que esté emocionalmente implicado con el interrogado: Lo cual podría traer nefastas consecuencias legales para KUBA

Incluso, podemos hablar de una burocracia de la tortura ya que el cuartel general debe dar su aprobación previa en las siguientes circunstancias:

- Si hay que infligir daño físico.

- Si está prevista la utilización de medios médicos, químicos o eléctricos.

- Un misterioso tercer supuesto que aparece censurado en la desclasificación del manual.

En todo el planeta, desde Chile hasta Timor, se ha torturado siguiendo estas instrucciones.

Las partes tachadas por los censores previamente a la desclasificación del documento son casi más significativas que aquellas que han llegado hasta nosotros, porque nos indican que lo más terrible de esta verdad aún no lo conocemos. No estamos ante una mera curiosidad, un vestigio desfasado de la barbarie de la Guerra Fría. Miles de personas han padecido hasta la muerte – o hasta desear la muerte- todo lo que se describe en este “hágalo usted mismo” del terror. Es a ellos a los que nunca deberemos olvidar.

LA TORTURA COMO CIENCIA

En septiembre de 1997, la CIA cumplió cincuenta años. Desde entonces, no ha habido actividad ilegal o inmoral con la que la Agencia no haya estado relacionada en mayor o menor medida. Con el correr del tiempo, y para sorpresa de los propios norteamericanos, incapaces de concebir lo que se ocultaba en su propia administración, han ido saliendo a la luz documentos que confirmaban gran parte de estas acusaciones.

Un año después de que el San José Mercury News sacase a la luz la implicación de la CIA en tráfico de drogas, otro diario, el Baltimore Sun, tras dos años de arduo trabajo ponía ante los ojos de lectores otra pieza del sórdido rompecabezas que forman las actividades de la Agencia: su manual oficial de interrogatorios A raíz de la incorporación de efectivos de la Gestapo y la SS, procedentes del denominado Proyecto Pisapapeles, no cabe duda de que la central de inteligencia contaba en plantilla con un eficaz plantel de expertos en el tema.

De hecho, el manual en cuestión no es el único texto de estas características que se conoce. En 1983, la CIA publicó otro documento similar, aunque con un título mucho más cínico: Manual de entrenamiento para la explotación de los recursos humanos. En éste se recomendaba, bajo el epígrafe de Protocolos para el trato con los prisioneros infligir o amenazar con el dolor, privación de comida y sueño, mantener a los sujetos en posiciones incómodas durante prolongados periodos de tiempo, así como atarlos desnudos y mantenerlos con los ojos vendados o, a ser posible, en total estado de aislamiento Por lo general, estos interrogatorios tenían lugar en el extranjero, lejos de la jurisdicción norteamericana.

Casos como el de Nosenko, que se desarrolló en los EE.UU. deben considerarse excepcionales ya que, técnicamente, constituyen un abuso de poder intolerable dentro de territorio americano. La Agencia es consciente del peligro que supone para su supervivencia el verse envuelta en causas penales dentro de su propio país donde, por otro lado, sus atribuciones son legalmente muy limitadas Por tanto, se trata de un texto de adiestramiento, desarrollado no tanto para el personal interno, como para la horda de mercenarios y militares extranjeros que cobran de las arcas de la CIA para llevar a cabo operaciones de contrainsurgencia.

Las manos de los agentes de la CIA rara vez se manchan de sangre. El sofisticado conocimiento para la ejecución de brutales abusos contra los derechos humanos en buena parte del planeta ha venido dado en gran medida a través de las páginas de este manual, siendo especialmente significativos en este sentido los casos de Guatemala y Honduras. El 28 de enero de 1997, la organización Amnistía Internacional solicitó oficialmente una investigación que esclareciera el uso dado a éste y otros textos similares; Claramente, la creación, uso y diseminación de estos manuales suscita engorrosas e inquietantes preguntas sobre la defensa de los derechos humanos por parte del gobierno de los Estados Unidos declaró Carlos Salinas, portavoz de la oficina que el grupo tiene en Washington.

Guatemala quizá sea el caso más sangrante. Desde que en 1954 una contundente operación de la CIA derrocara al presidente electo Jacobo Arbenz Guzmán, el país ha sido víctima indefensa de toda suerte de abusos por parte de operativos a las órdenes de la central de inteligencia que el caso guatemalteco alcanzara una mayor notoriedad entre la opinión pública estadounidense contribuyó definitivamente el brutal asesinato de varios ciudadanos norteamericanos por parte de los escuadrones de la muerte, así como la violación y tortura de la hermana Diana Ortiz, también súbdita de los Estados Unidos, por parte de un tristemente célebre personaje conocido como ; Alejandro . El cadáver de la religiosa presentaba un total de 111 quemaduras de cigarrillo repartidas por todo el cuerpo.

TORMENTO SIN DOLOR

La sofisticación de la que hace gala el manual muestra a las claras que la CIA ha empleado un considerable esfuerzo material y humano a la hora de desarrollar métodos efectivos para interrogar a sus prisioneros. Nada se deja a la improvisación o al libre ejercicio del interrogador. Todo forma parte de un protocolo cuidadosamente diseñado que deben seguir escrupulosamente los agentes encargados de estas misiones.

El equipo lo deben formar, aparte del propio interrogador, un operador de polígrafo, que buscará posibles mentiras en las declaraciones del prisionero, un técnico de sonido encargado de grabar todo lo que suceda, un experto hipnólogo y un médico, que supervisará la administración de drogas y mantendrá vivo al sujeto cuando éste sea sometido a tortura física.

Este tipo de prácticas se desarrolló durante los momentos más duros de la guerra del Vietnam, entre 1965 y 1968, en el marco de la llamada operación Fénix. Los servicios de inteligencia norteamericano y vietnamita compartían una lista negra de activistas del Vietcong que debían ser eliminados y, a ser posible, aportar toda la información de la que dispusieran antes de su ejecución. En 1969, el cumplimiento del programa establecido por Fénix requería la neutralización de 1800 prisioneros cada mes. De ellos, un tercio falleció en el transcurso de los interrogatorios.

Para este cometido se designaba generalmente a miembros de los cuerpos de operaciones especiales, los cuales a partir de aquel momento pasaban a depender de la CIA.

También colaboraban en otras operaciones de la Agencia, como el proyecto Cherry, cuyo objetivo era el asesinato de oficiales camboyanos sospechosos de colaboración con los norvietnamitas y el KGB. También estaba el proyecto Oak, cuya misión era hacer desaparecer a cualquier colaborador extranjero, independientemente de su nacionalidad, que pudiera tener el enemigo. Un corresponsal de guerra informando objetivamente de lo que había visto en los campos de batalla podría entrar plenamente en la categoría de extranjero eliminable. Todas estas actividades escapaban al control del ejército, que las toleraba a regañadientes, y era la CIA la que estaba autorizada a actuar libremente y sin ninguna supervisión militar.

TORTURA DURA, TORTURA BLANDA

El manual divide en dos categorías las tácticas a emplear: coercitivas y no coercitivas: Un interrogatorio no coercitivo no quiere decir que deba ser llevado a cabo sin presión. Al contrario, el objetivo de esta estrategia es precisamente generar la máxima presión en el individuo, tanta como sea necesaria para obtener el resultado final. La diferencia es que en este caso la presión se genera desde el interior del propio interrogado. Su resistencia debe ser minada, su necesidad de confesar reforzada, hasta que, al final, sea él quien se venza a sí mismo.

Los interrogadores deben ser capaces de reconocer cuando, incluso antes de que dé comienzo la batería de preguntas, el sujeto se encuentra en el estado de vulnerabilidad propicio: El interrogatorio, entendido como situación y como proceso, debe enfocarse para ejercer por sí mismo una intensa presión interna sobre el interrogado, sin que de forma alguna se le pueda permitir adaptarse a ella Se debe explotar el propio hecho del interrogatorio como experiencia intimidatoria, especialmente si es la primera vez que el sujeto se ve enfrentado a ella.

El propósito es maximizar este efecto y generar una experiencia traumática que destruya la imagen que el sujeto tiene del mundo y del lugar que ocupa en él. La opinión pública americana tuvo por primera vez conocimiento de este tipo de prácticas a través del informe que elaboró el Senado en 1977 respecto al proyecto Mk-Ultra. En él se hablaba del uso de drogas de la verdad en los interrogatorios concretamente en el Apéndice A, relativo a Experimentación y uso de agentes químicos y biológicos por la comunidad de inteligencia. Aquí se incluye un capítulo sobre la muerte del Dr. Frank Olson, uno de los hechos desencadenantes de la investigación sobre el programa Mk-Ultra.

A raíz de estos datos, los senadores Kennedy y Schweiker decidieron investigar con detenimiento el tema. La Agencia puso toda clase de trabas a su trabajo y múltiples documentos resultaron destruidos o, simplemente desaparecieron.

Afortunadamente, quedó este manual como testimonio del trabajo sucio de la CIA. Un verdadero monumento a todos aquellos que han sufrido en sus carnes la brutalidad de verdugos adiestrados con el dinero de los contribuyentes estadounidenses .

La Tortura en los EEUU.

Citas del Manual de Tortura de la CIA

(Tal como fue impreso en Harper’s Magazine, edición de Abril 1997)

La Tortura psicológica al estilo de la CIA,

Citas de “Human Resource Exploitation Training Manual–1983″ (Manual de Entrenamiento para la Explotación de Recursos Humanos–1983), un manual escrito por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana y usado a principios de los años 80 para enseñarle a las fuerzas de seguridad latinoamericanas cómo extraer información de prisioneros. El manual se obtuvo en enero a través del Acta de Libertad de Información a petición del Baltimore Sun, como parte de una investigación de rol jugado por la CIA en Honduras. En 1985, la CIA renunció al uso de técnicas coercitivas de interrogación (sic) y enmendó el manual de acuerdo con esto; en la copia obtenida por The Sun, el texto original de1983 es legible a pesar de las revisiones escritas a mano de la agencia y las tachaduras.

LA TEORÍA DE COERCIÓN

El propósito de toda técnicas coercitivas es inducir la regresión psicológica en el sujeto mediante la presencia de una fuerza superior externa que afecte su deseo de resistirse. La regresión es básicamente una pérdida de autonomía, una reversa a un nivel conductual más infantil. Cuando los sujetos retroceden, sus aprendidos rasgos de personalidad se desploman el orden cronológico inverso. Comienza a perder la capacidad de llevar a cabo actividades creativas superiores, tratar con situaciones complejas o para hacerse cargo de las relaciones interpersonales estresantes o repetidas frustraciones.

LAS TÉCNICAS COERCITIVAS

El arresto

La forma y los tiempos del arresto del sujeto deben planearse para lograr sorpresa y la cantidad máxima de incomodidad mental. Debe ser arrestado por consiguiente, en el momento cuando él menor lo espera y cuando su resistencia mental y física está en su nivel más bajo — idealmente, en horas tempranas de la mañana. Cuando se arresta en este momento, la mayoría de los sujetos experimenta intensos sentimientos de shock, inseguridad, tensión psicológica y tiene gran dificultad para ajustarse a la situación.

La detención

El sentido de identidad de una persona depende sobretodo de la continuidad de su medio ambiente, hábitos, apariencia, relaciones con otros, etc. La detención le permite a los interrogadores cortar todos estos eslabones y volver el sujeto atrás, hacia los recursos interiores propios, solo. La detención debe planificarse para aumentar la sensación de los sujetos de estar apartado bruscamente de cualquier cosa conocida y tranquilizadora.

La suspensión de estímulos sensoriales

El encierro solitario actúa en la mayoría de las personas como una poderosa tensión. Los síntomas más comunes provocados por el confinamiento solitario son: superstición, intenso amor por cualquier otra cosa viviente, percepción de los objetos inanimados como vivos, alucinaciones y desilusión.

Las amenazas y el miedo

La amenaza de coerción normalmente debilita o destruye la resistencia más eficazmente que la coerción misma. Por ejemplo, la amenaza de infligir dolor puede activar el temor que es más perjudicial que la sensación inmediata del dolor.

La amenaza de muerte ha sido encontrada ser mucho peor que inútil. La razón principal es que induce a menudo a la desesperanza; el sujeto siente que él probablemente está condenado tanto después de la complacencia como antes. Algunos sujetos reconocen que la amenaza es una fanfarronada y que silenciándolos para siempre fracasarían los propósitos del interrogador.

Si un sujeto se niega a acceder después que ha recibido una amenaza, esta debe llevarse a cabo. De otra manera, las siguientes amenazas también demostrarán ineficacia.

El dolor

La situación de la tortura es una contienda entre el sujeto y su torturador. El dolor que se está infligiendo sobre el sujeto desde fuera de si mismo puede intensificar realmente su deseo de resistir. Por otro lado, el dolor que él siente que él mismo se está infligiendo más probablemente le hará extraer la savia de su resistencia. Por ejemplo, si le exigen que mantenga una posición rígida como estar de pie como al llamado de atención, o sentarse en un taburete por largos períodos de tiempo, la fuente inmediata de incomodidad no es el interrogador sino el sujeto mismo. Después de un rato, el sujeto probablemente agotará su fuerza motivadora interior.

El intenso dolor bastante probablemente producirá falsas confesiones, fabricadas para evitar castigo adicional. Este resultado produce un retraso en el tiempo perdido mientras se dirige la investigación y se prueba que las confesiones son falsas. Durante esta tregua, el sujeto puede rearmarse a si mismo y puede incluso usar el tiempo en inventar una confesión más compleja que tomará aún más tiempo en comprobar.

La hipnosis y la sugestión sublimada

Las respuestas obtenidas del sujeto bajo la influencia de hipnosis son altamente sospechosas, ya que ha menudo están basadas en las sugerencias del interrogador y están distorsionadas o fabricadas. Sin embargo, el fuerte deseo del sujeto de escapar de la estresante situación, puede crear un estado mental llamado “sugestión sublimada”. El interrogador puede aprovecharse de este estado mental, creando una situación en que el sujeto cooperará porque él cree que ha sido hipnotizado. Esta situación hipnótica puede crearse usando la técnica del “cuarto mágico”.

Por ejemplo, al sujeto se le da una sugerencia hipnótica que su mano está aumentando su temperatura. Sin embargo, su mano se calienta realmente con la ayuda de una disimulada máquina de diatermia. Se le puede entregar una sugerencia de que un cigarrillo tendrá un sabor amargo y podría dársele un cigarrillo preparado para tener un leve pero notorio sabor amargo.

Narcosis

No existe ninguna droga que pueda forzar a cada uno de los sujetos a divulgar toda la información que él tiene, pero es posible crear una errónea creencia que un sujeto ha sido narcotizado usando la técnica del “placebo.” Al sujeto se le da un placebo (una píldora de azúcar) y después se le dice que recibió un suero de la verdad que lo hará querer hablar y que también evitará las mentiras. Su deseo de encontrar una excusa para complacer, lo cual es la única vía de escape de su deprimente situación puede hacer que el sujeto desee creer que ha sido narcotizado y que nadie podrá ahora culparlo de entregar información. Esto le proporciona la racionalización que él necesita para cooperar.

LA REGRESIÓN

Como fue mencionado antes, el propósito de todas las técnicas coercitivas, es inducir a la regresión. Unas pocas técnicas no coercitivas pueden usarse también para inducir la regresión, pero a un grado menor de lo que puede obtenerse con las técnicas coercitivas:

“La manipulación persistente del tiempo”

“Retardando y adelantando los relojes”

“Sirviendo las comidas en diferentes horas”

“Rompiendo los horarios de sueño”

“Desorientación con respecto al día y noche”

“Sesiones de preguntas sin relación”

“Interrogatorios sin sentido”

“Ignorar deseos de cooperar a medias”

“Premiar la no cooperación”

MANUAL DE TORTURA

Si la regresión ocurre espontáneamente durante la detención o es inducida por el interrogador, no debe permitirse que continué más allá del punto necesario para obtener la complacencia. Un psiquiatra debe estar presente si deben ser empleadas técnicas más severas para asegurar la regresión completa más adelante. Lo más pronto posible el interrogador le deberá proporcionar al sujeto la racionalización que él necesita para ceder y cooperar. Es probable que esta racionalización sea elemental, una versión adulta de una excusa de la niñez como:

1. “ellos te obigaron a hacerlo.”

2. “todos los otros lo están haciendo.”

3. “En el fondo tu eres un buen muchacho.

fuente: http://www.animalweb.cl/n_o_imperial

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3 Responses to “La Tortura Hecha Ciencia”
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